Me empecé a enamorar de ti cuando empecé a sentir que me moría al no verte salir de casa. Así nació este extraño amor que ahora atrapa de manera sutil mi razón y hace que me sumerja en la inigualable sensación de pensarte de manera suicida. Hace días que no te veo salir por tu puerta a la calle, hace días que no te veo entrar por tu puerta de la calle y tal vez eso es lo que ha hecho que reconosca que te has convertido en la dueña de mi amor porque ahora estoy convencido de que empecé a enamorarme de ti cuando empecé a temer que ya no te volvería a ver nunca más.
No he tenido la oportunidad de decirte palabra alguna ni de cruzar por tu lado de manera alguna porque siempre te he mirado a lo lejos desde mi ventana saliendo de tu casa que está tan cerca de la mía. ¡Ni pensar que una autopista puede separar un sentimiento tan grande y tan puro como el que siento por ti!. Siempre te veía, siempre a la misma hora - aunque a veces tardabas unos cuantos segundos desesperantes-. Y verte se convirtió en una costumbre muy mía, porque mis ojos empezaron a depender de tu imagen para hacer que vea el día más hermozo.
Y es que sin darme cuenta fui descubriendo en tu presencia un no se qué que me encantó, a lo mejor la mirada llena de ternura que invadía mi amanecer al verte, a lo mejor tu sonrisa llena de alegría que invadía mi vida al pensarte, a lo mejor tu forma de caminar que invadía mi imaginación al soñarte o a lo mejor es la forma tan enternecedora con la que has invadido mi vida sin usar la violencia.
Me empecé a enamorar de ti cuando empecé a sentir la desesperación de no verte, cuando empecé a buscar la manera de mirarte y cuando me convertí en un guardián privado de tu hogar esperando por horas que salgas por el umbral. Y ahora que ya no te veo, que ya no te siento tan cerca es cuando reconosco que me enamoré de ti porque temo no verte una vez más.