Cuando abri los ojos (o al menos eso crei) suspiré porque tenia la idea tan clara como un manantial de que la pasaria con mi enamorada toda la tarde de San Valentin. Porque ya era hora de decirle a mis amigos que por favor no se recientan conmigo por ya no salir con ellos a celebrar el dia de la amistad ya que ahora soy un hombre comprometido con la mujer de mis "sueños". Tenia la certeza de que la tarde de los enamorados y la noche de los enamorados seria perfecta y que ni el maldito calor que haria, ni el trafico que habria, ni toda la gente que las calles repletaria malogrian un momento tan especial como ese.
A Victoria la conoci en una pradera muy hermosa y creo que la hice mi enamorada el mismo dia que la conocí - es que con ella el tiempo es uno solo y a su lado uno nunca sabe si ha pasado un minuto o una eternidad -. Y como era nuestro primer dia de los enamorados como enamorados pues decidi hacer de él el dia más especial de mi vida y de su vida- aunque al final nuestra vida se haya desvanecido en un abrir y cerrar de ojos -.
La recogi en taxi a su trabajo porque por alguna cosa extraña a su jefe le dio por dejar salir a todo el personal a las tres de la tarde cuando generalmente salen a las sies teniendo en cuenta que era un dia muy laborable porque era lunes. Victoria me miraba como siempre y decia pocas palabras como siempre porque siempre era yo -o al menos por ese instante lo fui - la persona que iniciaba y terminaba un tema de conversación. Fuimos a pasear el Parque del Amor agarrados de la manos hablando de quien sabe qué cosas y besandonos quien sabe cuantas veces. Hice magia y le regalé una rosa muy roja y muy grande y ella la aceptó con esa sonrisa de ensueño. La llevé a cenar a un restaurant muy bonito en donde todo costaba un ojo de la cara - no me importó porque por ella me hubiese quedado tuerto y ciego -.Reimos y hablamos y eramos felices.
Pero siempre llega un momento en el que uno se da cuenta de la realidad. Después de comer fuimos a un hotel frente al mar para dar rienda suelta a nuestros bajos instintos. Victoria estaba tranquila y yo tambien, yo queria y ella tambien. Y como dije siempre llega un momento en el que uno se da cuenta de la realidad: La luz de fue, quedamos a oscuras y de pronto su voz se tranformó en eco y yo no sabia donde estaba.
Cuando todo se aclarecio habia despertado de mi sueño, no habia Victoria, no habia un hotel frente al mar, no habia nada más que yo en mi cuarto, que yo en mi cama, que yo otra vez soñando cosas que no son y soñando con personas que no existen.
martes, 15 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
La danza del nerviosismo
Sus manos empiezan a temblar como si se hubieran independizado de si misma y no supieran que hacer para celebrar su libertad. Sus piernas largas tiritan como si sintieran un estremecedor frío que las acariciara. Sus ojos parpadean de vez en cuando y su voz parece uir de ella sin darle opción a reclamo.
- ¿Temblará por mi? - me pregunto en mis adentros tratando de encontrarle una explicación poco científica a esa extraña situación . Y sus ojos me miran y yo la miro fijo porque hace tiempo que no veia unos ojos tan bellos tan de cerca. ¿Callará por mi? - me vuelvo a preguntar en mi interior imaginando que lo que le sucede si es por mi. - Y si es por mi, ¿ por que? - me vuelvo a preguntar como un cojudo que razona con sigo mismo.
La conosco recién hace un par de días, hace un par de días que coincidimos a la misma hora en la bodega de la esquina, la primera vez yo llegué primero y la vi llegar con esa ropa tan insinuante y exitante que vestía en este verano tan salvaje. Su cabello castaño decora de hermosura su piel morena, sus ojos claros hacen un juego hermoso con sus labios y su sonrisa es lo más sublime que he visto. La saludé con un hola seco y deshidratado - con eso de que la temperatura deshidrata más rápido - y ella solo me hizo una mueca de hola sin decirlo. La segunda vez ella llegó primero y me vio llegar a la bodega, y en ese momento fue cuando los papeles se invirtieron porque ella me dijo hola y el que hizo la mueca de hola sin decirlo fui yo, con el agregado de que mi mueca fue la más deshidratada de todas. Llegué para verla bajo ese vestido casi transparente que a la larga le dejaba ver hasta el alma. Sus pezones se dejaban ver a travez del vestido - era lo único que se dejaba ver - y yo no quería verla porque no quería perecer como el montón de enfermos que desde la calle silvan como estúpidos el trasero de una chica o las tetas de una chica por más fea o bonita que esta sea.
Y es en este momento cuando siento que tiembla, cuando veo a través de su vestido sus piernas tiritar, cuando veo que sus manos no quieren obedecer sus ordenes, cuando me doy cuenta que sus ojos me miran y que reullen de mi cuando yo los veo, cuando si darme cuenta caigo en la vulgaridad de ver sus pechos por unos segundos imaginando que los acaricio - soy un hombre de mierda que es débil ante la carne - . Ambos nos intimidamos pero yo puedo controlarme, y ella solo mira a todos lados sin nada que le interese. Es una turista de su propia vida. Empiezo a pensar que no es por mi que está tan nerviosa si no porque no se dio cuenta que ese vestido tan señido provoca la mirada morbosa de la depravación.
- ¿Temblará por mi? - me pregunto en mis adentros tratando de encontrarle una explicación poco científica a esa extraña situación . Y sus ojos me miran y yo la miro fijo porque hace tiempo que no veia unos ojos tan bellos tan de cerca. ¿Callará por mi? - me vuelvo a preguntar en mi interior imaginando que lo que le sucede si es por mi. - Y si es por mi, ¿ por que? - me vuelvo a preguntar como un cojudo que razona con sigo mismo.
La conosco recién hace un par de días, hace un par de días que coincidimos a la misma hora en la bodega de la esquina, la primera vez yo llegué primero y la vi llegar con esa ropa tan insinuante y exitante que vestía en este verano tan salvaje. Su cabello castaño decora de hermosura su piel morena, sus ojos claros hacen un juego hermoso con sus labios y su sonrisa es lo más sublime que he visto. La saludé con un hola seco y deshidratado - con eso de que la temperatura deshidrata más rápido - y ella solo me hizo una mueca de hola sin decirlo. La segunda vez ella llegó primero y me vio llegar a la bodega, y en ese momento fue cuando los papeles se invirtieron porque ella me dijo hola y el que hizo la mueca de hola sin decirlo fui yo, con el agregado de que mi mueca fue la más deshidratada de todas. Llegué para verla bajo ese vestido casi transparente que a la larga le dejaba ver hasta el alma. Sus pezones se dejaban ver a travez del vestido - era lo único que se dejaba ver - y yo no quería verla porque no quería perecer como el montón de enfermos que desde la calle silvan como estúpidos el trasero de una chica o las tetas de una chica por más fea o bonita que esta sea.
Y es en este momento cuando siento que tiembla, cuando veo a través de su vestido sus piernas tiritar, cuando veo que sus manos no quieren obedecer sus ordenes, cuando me doy cuenta que sus ojos me miran y que reullen de mi cuando yo los veo, cuando si darme cuenta caigo en la vulgaridad de ver sus pechos por unos segundos imaginando que los acaricio - soy un hombre de mierda que es débil ante la carne - . Ambos nos intimidamos pero yo puedo controlarme, y ella solo mira a todos lados sin nada que le interese. Es una turista de su propia vida. Empiezo a pensar que no es por mi que está tan nerviosa si no porque no se dio cuenta que ese vestido tan señido provoca la mirada morbosa de la depravación.
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