Sus manos empiezan a temblar como si se hubieran independizado de si misma y no supieran que hacer para celebrar su libertad. Sus piernas largas tiritan como si sintieran un estremecedor frío que las acariciara. Sus ojos parpadean de vez en cuando y su voz parece uir de ella sin darle opción a reclamo.
- ¿Temblará por mi? - me pregunto en mis adentros tratando de encontrarle una explicación poco científica a esa extraña situación . Y sus ojos me miran y yo la miro fijo porque hace tiempo que no veia unos ojos tan bellos tan de cerca. ¿Callará por mi? - me vuelvo a preguntar en mi interior imaginando que lo que le sucede si es por mi. - Y si es por mi, ¿ por que? - me vuelvo a preguntar como un cojudo que razona con sigo mismo.
La conosco recién hace un par de días, hace un par de días que coincidimos a la misma hora en la bodega de la esquina, la primera vez yo llegué primero y la vi llegar con esa ropa tan insinuante y exitante que vestía en este verano tan salvaje. Su cabello castaño decora de hermosura su piel morena, sus ojos claros hacen un juego hermoso con sus labios y su sonrisa es lo más sublime que he visto. La saludé con un hola seco y deshidratado - con eso de que la temperatura deshidrata más rápido - y ella solo me hizo una mueca de hola sin decirlo. La segunda vez ella llegó primero y me vio llegar a la bodega, y en ese momento fue cuando los papeles se invirtieron porque ella me dijo hola y el que hizo la mueca de hola sin decirlo fui yo, con el agregado de que mi mueca fue la más deshidratada de todas. Llegué para verla bajo ese vestido casi transparente que a la larga le dejaba ver hasta el alma. Sus pezones se dejaban ver a travez del vestido - era lo único que se dejaba ver - y yo no quería verla porque no quería perecer como el montón de enfermos que desde la calle silvan como estúpidos el trasero de una chica o las tetas de una chica por más fea o bonita que esta sea.
Y es en este momento cuando siento que tiembla, cuando veo a través de su vestido sus piernas tiritar, cuando veo que sus manos no quieren obedecer sus ordenes, cuando me doy cuenta que sus ojos me miran y que reullen de mi cuando yo los veo, cuando si darme cuenta caigo en la vulgaridad de ver sus pechos por unos segundos imaginando que los acaricio - soy un hombre de mierda que es débil ante la carne - . Ambos nos intimidamos pero yo puedo controlarme, y ella solo mira a todos lados sin nada que le interese. Es una turista de su propia vida. Empiezo a pensar que no es por mi que está tan nerviosa si no porque no se dio cuenta que ese vestido tan señido provoca la mirada morbosa de la depravación.
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