viernes, 8 de abril de 2011

Los dias en Ñaña

Cuando estudiaba con Erick nos gustaba pasar los fines de semana en su casa de Ñaña con unos amigos de la promo. Con Geraldin y Miguel casi siempre nos reuníamos para enrumbar en un viaje casi interprovincial - teniendo en cuenta que el hogar de Llanos quedaba muy lejos de donde nosotros vivíamos y que en el camino pasábamos por lugares muy bonitos que eran un paisaje bellisimo para nuestros ojos - para llegar hasta nuestro destino.

Los dias en Ñana eran hermosisimos - Sol todo el año hasta en invierno - nos decia Erick con un orgullo que no recuerdo en otra persona. Llegabamos a "Los jardines de Ñaña" y caminabamos unas cuantas cuadras hasta terminar por pasar por una cancha de césped en el que con sus hermanos practicaban  algun deporte o donde simplemente iban a pasar el rato viendo a las demas personas jugando. Llegabamos a "Los jardines de Ñaña" y nos preguntábamos siempre: "¿ Y dónde estan los jardines?" . Y es que a pesar de que los dias eran hermosisimos en Ñaña eso no quitaba el hecho de que el lugar haya sido una zona en proceso de urbanización y en el cual escaseaban los jardines y en el cual las personas y vecinos para dicimular ponian fuera de sus casas varias masetas con flores que decoren la vista de los visitantes.

Siempre era un gusto ir a Ñaña con el pretexto de hacer la tarea - que al final si hacíamos - porque a parte de pasarla bien y de reirnos un monton hablando de mil cosas, y relajarnos escuchando música o viendo televisión, y yendo al rio atravesando muchas penurias, soportando muchas obstaculos y corrigiendo muchos errores de hubicación;  nos encantaba la sazón de la abuelita de Erick a la cual le tuve un gran apresio por saber ser siempre una buena abuela ante los ojos de las personas que hasta no podían ver, porque siempre fue una gran anfitriona y porque siempre fue una gran mujer, gran persona y gran madre. A parte, claro está, de haber sido la mejor cocinera de la cual haya tenido el privilegio de probar su comida - Perdóname Aurelia pero es la verdad -.

El Sol nunca se iba, la diversión nunca se iba cuando estábamos allá. El clima siempre fue nuestro amigo hasta cuando la madre naturaleza se enfermaba. Pero todo cambió cuando la abuela de Llanos pasó a mejor vida y nos dejó sin su vida y dejó a Erick con una herida en el alma que lamentablemente no fue tratada a tiempo.

Hace tiempo que no regreso allá, y cada vez que recuerdo las locuras que hacíamos me sigo preguntando si en "Los jardines de Ñaña" ya hay jardines o si todo sigue igual.

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